Un homenaje a mi cleta. Por estos días, debe esar cumpliendo 22 años. Sí, tiene mi edad. Y en este período, se ha convertido en un ejemplo de supervivencia. En sus primeros años, cargó niños hacia la cima del cerro San Cristóbal. Luego, fue heredada por su dueño original, llegando a mis manos cuando yo era aún muy pequeña para usarla. Pasó más de una década olvidada en una bodega y ahora renace desde el óxido para ser la cleta más observada de las ciclovías de Santiago. Toda una leyenda, un "neo clásico", si se quiere. Tal vez no le quede mucho tiempo de vida, pero mientras me acompañe, no volverá a sentir cómo la mugre se acumula en sus añosas articulaciones. Recorreremos juntas la ciudad, con nuestro canasto y nuestras lucecitas reglamentarias, despertando recuerdos de infancia y sacando, de lo más profundo de las gargantas de los santiaguinos "¡Cacha!, ¡oooh, la bici vieja!"
viernes, enero 27, 2006
Solo por ocio...
Un homenaje a mi cleta. Por estos días, debe esar cumpliendo 22 años. Sí, tiene mi edad. Y en este período, se ha convertido en un ejemplo de supervivencia. En sus primeros años, cargó niños hacia la cima del cerro San Cristóbal. Luego, fue heredada por su dueño original, llegando a mis manos cuando yo era aún muy pequeña para usarla. Pasó más de una década olvidada en una bodega y ahora renace desde el óxido para ser la cleta más observada de las ciclovías de Santiago. Toda una leyenda, un "neo clásico", si se quiere. Tal vez no le quede mucho tiempo de vida, pero mientras me acompañe, no volverá a sentir cómo la mugre se acumula en sus añosas articulaciones. Recorreremos juntas la ciudad, con nuestro canasto y nuestras lucecitas reglamentarias, despertando recuerdos de infancia y sacando, de lo más profundo de las gargantas de los santiaguinos "¡Cacha!, ¡oooh, la bici vieja!"
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