Hace como una semana di con una comunidad de msn que promovía la obesidad mórbida. Tenían una sección de "tips" para comer más de la cuenta, como comer cosas dulces seguidas de cosas saladas para no cansarse del sabor, y también daban consejos sobre cómo desviar la atención de los padres cuando querían comer en exceso. Cuando acababa de salir del horror que me produjo el leer estos consejos (básicamente para engordar hasta morir), di con una sección de mensajes, donde no solo defendían a brazo partido su postura, sino que ofendían a otras participantes del sitio que entraban a insultarlas. Estas últimas eran niñas de colegio (al igual que las gorditas suicidas) que promovían ciertos "estilos de vida", como insistían en llamar a la anorexia y la bulimia. Sus argumentos eran cosas como "a los minos no les gustan las gordas" o "me encanta ponerme ropa y que me quede bien". Ante esto, las niñas que promueven la obesidad respondían cosas como "tú vives amargada sin comer, mientras que yo soy feliz", recurriendo al típico mito de que las gorditas son todas simpáticas y felices. Lo más preocupante de todo es que todas las participantes eran adolescentes, en su mayoría chilenas y alumnas de enseñanza media. Vale decir, todas eran, tanto personas en formación, como niñas en crecimiento. Esto me llevó a concluir que estas adolescentes actuaban de la forma en que lo hacían debido a que estaban siguiendo modelos errados, tanto en sus familias, como en sus colegios y, en términos más globales, en su sociedad. Una sociedad exitista que pregona tener más que el vecino es, en último término, responsable de que las gordas quieran ser más gordas y las flacas, más flacas. Los medios de comunicación nos plantean dos paradigmas de evaluación de la mujer: básicamente, las chicas Mekano, o bien, las Catherines Orellana. No hay más. ¿Qué pasa entonces con las mujeres en la política, con nuestra presidenta electa y con las intelectuales chilenas? Pues bien, creo que también se las evalúa en esos términos en lo que a medios se refiere. Basta con observar detenidamente los carteles de campaña de Bachelet para darse cuenta de que se la trató de adelgazar con el ángulo en que aparece (medio perfil) y con un corte en las fotografías (que deja afuera un cuarto de su cuerpo). Al mismo tiempo, se nos presentan las gorditas siempre sonrientes, estilo Zapallito Italiano, modelos adictas al gimnasio, como la Carla Ochoa, etc. Francamente, dudo mucho que alguien tratara de adelgazar a Insulza en algún cartel o que se le pidiera una sonrisa eterna a la hora de salir en TV. Eso es porque aún vivimos en una sociedad que plantea modelos femeninos obsoletos que, a la larga, calan hondo en las conciencias de las adolescentes, mermando su autoestima y llevándolas a conductas extremas para encajar en un determinado perfil. Una sociedad así, me parece, es la culpable del descriterio de sus adultos y, a la larga, de sus jóvenes. En definitiva, somos todos culpables de los torpedos del Simce, de las Niñas Araña que robaban para comprar ropa, de las platas del Riggs, de las playas en Santiago, de los botones de pánico, de la ropa Ok (en vez de Ck) y de los zapatos Gat y carteras Cucci.
martes, enero 24, 2006
Bienvenida realidad
Hace como una semana di con una comunidad de msn que promovía la obesidad mórbida. Tenían una sección de "tips" para comer más de la cuenta, como comer cosas dulces seguidas de cosas saladas para no cansarse del sabor, y también daban consejos sobre cómo desviar la atención de los padres cuando querían comer en exceso. Cuando acababa de salir del horror que me produjo el leer estos consejos (básicamente para engordar hasta morir), di con una sección de mensajes, donde no solo defendían a brazo partido su postura, sino que ofendían a otras participantes del sitio que entraban a insultarlas. Estas últimas eran niñas de colegio (al igual que las gorditas suicidas) que promovían ciertos "estilos de vida", como insistían en llamar a la anorexia y la bulimia. Sus argumentos eran cosas como "a los minos no les gustan las gordas" o "me encanta ponerme ropa y que me quede bien". Ante esto, las niñas que promueven la obesidad respondían cosas como "tú vives amargada sin comer, mientras que yo soy feliz", recurriendo al típico mito de que las gorditas son todas simpáticas y felices. Lo más preocupante de todo es que todas las participantes eran adolescentes, en su mayoría chilenas y alumnas de enseñanza media. Vale decir, todas eran, tanto personas en formación, como niñas en crecimiento. Esto me llevó a concluir que estas adolescentes actuaban de la forma en que lo hacían debido a que estaban siguiendo modelos errados, tanto en sus familias, como en sus colegios y, en términos más globales, en su sociedad. Una sociedad exitista que pregona tener más que el vecino es, en último término, responsable de que las gordas quieran ser más gordas y las flacas, más flacas. Los medios de comunicación nos plantean dos paradigmas de evaluación de la mujer: básicamente, las chicas Mekano, o bien, las Catherines Orellana. No hay más. ¿Qué pasa entonces con las mujeres en la política, con nuestra presidenta electa y con las intelectuales chilenas? Pues bien, creo que también se las evalúa en esos términos en lo que a medios se refiere. Basta con observar detenidamente los carteles de campaña de Bachelet para darse cuenta de que se la trató de adelgazar con el ángulo en que aparece (medio perfil) y con un corte en las fotografías (que deja afuera un cuarto de su cuerpo). Al mismo tiempo, se nos presentan las gorditas siempre sonrientes, estilo Zapallito Italiano, modelos adictas al gimnasio, como la Carla Ochoa, etc. Francamente, dudo mucho que alguien tratara de adelgazar a Insulza en algún cartel o que se le pidiera una sonrisa eterna a la hora de salir en TV. Eso es porque aún vivimos en una sociedad que plantea modelos femeninos obsoletos que, a la larga, calan hondo en las conciencias de las adolescentes, mermando su autoestima y llevándolas a conductas extremas para encajar en un determinado perfil. Una sociedad así, me parece, es la culpable del descriterio de sus adultos y, a la larga, de sus jóvenes. En definitiva, somos todos culpables de los torpedos del Simce, de las Niñas Araña que robaban para comprar ropa, de las platas del Riggs, de las playas en Santiago, de los botones de pánico, de la ropa Ok (en vez de Ck) y de los zapatos Gat y carteras Cucci.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario